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Home Opinión Tribuna libre Eficacia y responsabilidad política
Jueves, 08 Diciembre 2011 20:51

Eficacia y responsabilidad política

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Una historia repetitiva en demanda de eficacia y responsabilidad. Hace unos días el grupo de Gobierno del Cabildo Insular de Gran Canaria presentó, ante una cualificada representación del tejido social y empresarial un nuevo Plan Estratégico, que realiza una apuesta por reinventar la isla para impulsar su imagen y competitividad. El citado Plan, presenta toda una serie de propuestas catalogadas de estratégicas que, de poder llevarse a cabo, deben servir de factor catalizador para alcanzar los niveles de desarrollo que esta Isla demanda y merece. Una iniciativa como ésta no tendría, por menos, que ser magníficamente acogida por el conjunto de la sociedad insular dada la lógica esperanza que debe generar cualquier tipo de medida encaminada a mejorar sus capacidades competitivas y a incrementar los niveles de empleo y bienestar de la población grancanaria.

No obstante, la iniciativa que cuenta con todo nuestro apoyo en relación a aquellos contenidos que estén encaminados a alcanzar la mejora de las capacidades de desarrollo de Gran Canaria para el beneficio del conjunto de la sociedad isleña, resulta por reiterativa en sus formas ya manida y preocupante y, en consecuencia, nos transporta al plano del escepticismo personal y colectivo.

Claro que estamos la inmensa mayoría de los habitantes de esta Isla de acuerdo en mejorar sus cotas de imagen y competitividad y, por supuesto, en línea con tales objetivos, en apostar por medidas que mejoren nuestro modelo productivo, pero es que iniciativas como la que nos ocupa con contenidos iguales o análogos ya se han planteado en diversas ocasiones a lo largo de los últimos años, incluso décadas y, lamentablemente, Gran Canaria, continúa esperando por el desarrollo de sus verdaderas capacidades competitivas, estancada en una maraña de instrumentos de planificación, de procedimientos inconclusos y, en suma, de ineficacia en la gestión de sus instituciones, que navegan año tras año en una abulia perenne.

Con el ánimo de ser lo suficientemente claros en nuestra argumentación, haremos un poco de historia a los efectos de contextualizar nuestro enfoque, entrando para ello con mayor nivel de detalle en las iniciativas desarrolladas desde hace unos años hasta la actualidad, permitiéndonos tal análisis comprender qué es realmente lo que está sucediendo y, desde nuestro punto de vista, cómo deberíamos afrontar la situación para que realmente se alcancen los logros que todos deseamos para nuestra Isla.

Ya avanzada la segunda mitad de los años ochenta, en 1987, el Cabildo Insular acomete, al amparo de una recientemente promulgada legislación, la redacción del Plan Insular de Ordenación de Gran Canaria, instrumento que por vez primera, apoyado en normativa propia de nuestra Comunidad Autónoma y, por tanto, desde un enfoque que contemplaba nuestras verdaderas singularidades territoriales, permitía acometer desde el plano de la realidad insular, una visión integral e integrada de la Isla y, consecuentemente con ello, plantear las respuestas precisas a las problemáticas existentes, además de permitir potenciar, mediante las iniciativas más adecuadas, sus reales capacidades competitivas.

El referido Plan Insular afrontó con firmeza los principales problemas que ya asfixiaban a Gran Canaria por aquella época. En primer lugar, definiendo un modelo socioeconómico insular coherente, equilibrado, competitivo y acorde con las reales necesidades de la Isla y, a partir del mismo, la concreción de toda una serie de iniciativas de carácter estratégico, que permitían afianzar dicho modelo. Así se concibieron acciones de carácter estratégico como:

La creación de un nuevo modelo turístico, a partir de la oferta ya existente y mediante la reconversión de éste hacia productos mucho más competitivos. Concibiendo la actividad turística, hasta esa época, entendida por muchos como un sector fundamentalmente inmobiliario y, en consecuencia, especulativo o poco fiable, en el que apoyar la economía insular y depredador del territorio, como una verdadera industria que bien concebida debía ser el verdadero motor de nuestra economía

El diseño de la red insular de carreteras, a partir de la cual vertebrar convenientemente el conjunto de la geografía de la Isla y en la que el modelo de ordenación pueda apoyar las adecuadas relaciones territoriales

El Parque Aeroportuario de Actividades Económicas, que debía nacer al amparo de su estratégica localización frente al Aeropuerto de Gran Canaria y que, con el motor de los millones de visitantes que pasan por la principal puerta de entrada a la Isla, debía acoger una importantísima actividad económica vinculada a las empresas cuya ubicación cercana a los nodos de transporte les confiere un plus de competitividad.

El desarrollo logístico del Puerto de Arinaga y la ampliación del polígono industrial adyacente, como punto de apoyo para la dinamización de este sector y la diversificación de las actividades económicas de Gran Canaria.

La transformación de la actual Base Naval de Las Palmas de Gran Canaria, recuperando este estratégico espacio de la ciudad para los usos propios de ésta, generando actividades empresariales, de ocio, etc.

La reconversión del litoral de Las Palmas de Gran Canaria, rediseñando la Avenida Marítima, permitiendo así, una más coherente convivencia entre usos como la movilidad automovilística y el ocio ciudadano, potenciando los usos más blandos para la ciudad -comerciales, ocio, administrativos...- la primera línea de litoral, reubicando la actividad portuaria y articulando el conjunto de la fachada marítima desde La Laja hasta La Isleta de manera equilibrada y coherente.

El desarrollo del Parque de la Música en El Rincón, espacio excepcional por su configuración geográfica formada por un meandro del Barranco de Tamaraceite y su posición en el extremo noroeste de la Playa de Las Canteras, que le confiere unas posibilidades para generar un importantísimo atractivo internacional vinculado a la actividad musical y cuyo preámbulo lo constituyó la ubicación del propio Auditorio Alfredo Graus.

Así, aunque podríamos seguir relacionando otras actuaciones recogidas en el referido Plan Insular, creo que las expuestas resultan suficientemente ilustrativas acerca de la gran trascendencia que tendría para el desarrollo económico y social de Gran Canaria su plasmación en realidades mediante la ejecución de las mismas.

Este Plan Insular, después de una andadura laboriosa en su redacción y compleja en los altos niveles de consenso que alcanzó por parte de la ciudadanía y de las Administraciones canarias, fue aprobado por el Gobierno de Canarias a principios del año 1995, debiendo ser, a partir de ahí, la referencia para el desarrollo de Gran Canaria mediante la puesta en práctica de los adecuados mecanismos de gestión, especialmente por el organismo al que le corresponde principalmente la competencia para ello, el Cabildo Insular.

Unos años más tarde, en 1999, aprobada por el Parlamento de Canarias, nace la Ley de Ordenación del Territorio de Canarias, uno de cuyos principales objetivos inspiradores consistía en refundir la legislación en esta materia emanada hasta ese momento, debiendo, por tanto, proceder a su adaptación todos los instrumentos de ordenación de nuestra Comunidad Autónoma.

En este contexto, el Cabildo Insular de Gran Canaria promueve la redacción de un nuevo Plan Insular de Ordenación cuya publicación y consiguiente entrada en vigor se produce en mayo de 2004, después de pasar por las laboriosas fases de elaboración y tramitación administrativa. Este Plan, además de estructurarse de acuerdo a la nueva legislación canaria en la materia, incorpora las propuestas del Plan de 1995, junto a otras acciones de gran trascendencia para el impulso competitivo de esta isla.

El propio Cabildo Insular, abundando en la consecución de instrumentos que coadyuvaran a alcanzar un importante desarrollo para Gran Canaria, basado en acciones que permitieran fortalecer de manera notable el conjunto de su tejido productivo, promueve a finales de los noventa, un nuevo instrumento de planificación para Gran Canaria, el Plan Estratégico Económico y Social, el cual sale editado en el año 2001 y cuyos principios inspiradores y contenidos recogen en gran medida las iniciativas previstas en el comentado Plan Insular aprobado en 1995, además de adentrarse en otro tipo de acciones vinculadas a actividades socioeconómicas no contempladas en éste.

Así pues, haciendo un breve repaso, tenemos que desde el año 1987 en que se promueve el primer instrumento de planificación e impulso de actividades socioeconómicas de Gran Canaria. Desde entonces hemos contado con dos Planes Insulares de Ordenación y un Plan Estratégico Económico y Social, los cuales albergaban acciones iguales o de análogo objeto para el impulso competitivo de la Isla. En la actualidad, cabría preguntarse por tanto, ¿qué acciones de las contempladas en aquellos planes se han desarrollado o se encuentran en un avanzado nivel de ejecución?

Lamentablemente, hay que decir, que salvo el desarrollo por parte del Gobierno de Canarias, en concertación con el Estado, del Plan de Carreteras, por medio del cual se ha podido ejecutar buena parte de las previsiones en infraestructura viaria de rango insular en Gran Canaria, del resto de actuaciones previstas poco o nada podemos decir en cuanto a sus niveles de concreción o ejecución, ya que su grado de desarrollo ha sido prácticamente inexistente.

Y en este descrito escenario, se presenta por parte de los actuales responsables del Gobierno insular un nuevo Plan Estratégico para Gran Canaria, sin embargo, buena parte de la población de esta Isla, entre la que nos encontramos, se pregunta: ¿Hasta cuándo muchos de los responsables políticos que aterrizan en una institución seguirán haciendo oídos sordos a las aportaciones positivas legadas por sus antecesores? ¿se puede permitir la Isla de Gran Canaria año tras año, legislatura tras legislatura, seguir anclada en el ostracismo del inocuo desarrollo de sus capacidades competitivas, porque los responsables políticos de sus instituciones no son capaces de tener una lectura más inteligente y dar continuidad a las estrategias que superan la dimensión limitada de una legislatura, aprovechando aquello positivo de lo legado y, especialmente, ser mucho más hábiles y capaces en el desarrollo de las actuaciones previstas? ¿No resulta mucho más coherente con las obligaciones derivadas del compromiso con la población al aceptar una responsabilidad derivada de un cargo público, aprovechar el impulso de los esfuerzos ya realizados, ajustar lo que sea preciso y, sobre todo, hacer lo necesario para cumplir con los objetivos globalmente aceptados, en este caso, de la consecución de un salto competitivo para Gran Canaria?

Creo firmemente, que ya no estamos en tiempos de seguir contemporizando de forma permanente o de reivindicarnos a base de repetir iniciativas de papel. La Isla de Gran Canaria demanda y necesita respuestas firmes y coherentes con las necesidades de empleo y bienestar que su población precisa. Tenemos instrumentos suficientes que contemplan el diseño de nuestro modelo de desarrollo, no necesitamos estar continuamente reinventando lo ya inventado, pongámonos, pues, a trabajar adecuadamente, tendiendo puentes de concertación entre las diferentes concepciones políticas, las Administraciones públicas y el conjunto del tejido social.

Se hace cada vez más imperiosa y apremiante la necesidad de dejar atrás los personalismos y los partidismos recalcitrantes y desarrollar de una vez mecanismos precisos de gestión, para que lo ya previsto en materia de actuaciones de impulso para el desarrollo de Gran Canaria, pueda verse por fin ejecutado y con ello, entonces sí, esta Isla y, con ella, el conjunto de su población alcancen las cotas de desarrollo y bienestar que por potencialidad y capacidades merecen.

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